Entre algodones y duraznos maduros (Microrrelato)

Cuentos

Una niña en su habitación: muchas cosas le pueden pasar.

Ludmila, con sólo siete años, tomó varios ovillos de lana y armó un círculo en el centro de su habitación. Luego lo rodeó con velas, trozos de algodón y agujas (miles de agujas)
Se sentó en el centro, estaba desnuda y con el pelo recogido.
La puerta se abrió y un viento húmedo, lleno de granos de arroz, comenzó a recorrer el cuarto. Los granos golpearon contra el cuerpo de Ludmila. Cada vez lo hacían más fuerte, provocándole marcas en sus pequeños pechos y en su rostro.
Luego el viento paró, mientras ella seguía allí, quieta y en silencio.
La puerta se abrió otra vez y entró una bandada de mariposas negras.
Se acercaron a Ludmila y mordieron sus bracitos manchando el piso de rojo.
Todo se oscureció y las mariposas de la noche huyeron por la ventana.
La puerta volvió a abrirse, se escucharon pasos y la niña cerró sus ojos.
Un aroma a durazno (a durazno maduro) invadió la habitación.
La sombra de un hombre se acercó hasta Ludmila, la tomó entre sus brazos, la besó en la frente y en su joven cuello. Más tarde lamió con furia su boca.
Ella seguía en silencio, sin moverse. El aire del cuarto se hizo espeso (pesado) hasta que el circulo de lanas se cerró.

Imagen: www.sfruit.cl

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El autor:

Irene Goldfeder. Nací en Buenos Aires. De tantas vueltas que dí por el mundo se me hizo costumbre de hospedar viajeros, y ahora soy dueña de un hostel en la capital de Argentina. Crecí rodeada de libros y hace un tiempo se me metió un capricho muy bonito, dedicarme a escribir en distintos formatos pero siempre respetando el juego y el disfrute.

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