15 de Diciembre: Margarita Aguirre (1925-2003)

Recordamos a

Un 15 de diciembre de 2003 fallece la escritora chilena Margarita Aguirre.

“Yo puedo imaginar cualquier cosa.

Los recuerdos que nunca han existido son los mejores.

Puedo recordar cosas muy bonitas, y no

vienen de ninguna parte”.

 

Una amistad que despertó temprano, muy temprano, entre Margarita Aguirre y Pablo Neruda, la convertiría en su secretaria personal y, tiempo más tarde, en su primera biógrafa. Enfrentando dicho rol, dejaría la vara muy alta; en palabras de Volodia Teitelboim: “No hay biografía más cercana a la vida del poeta que la suya”. Sin embargo, la calidad de su obra narrativa la hace emerger, paralelamente, como una pieza fundamental de la disruptiva y enriquecedora Generación del 50. Hoy, como biógrafa o como narradora, las letras chilenas la recuerdan con gran afecto y respeto.

Margarita Aguirre nació el 30 de diciembre de 1925 en Santiago de Chile. Vivió su infancia en Chile y también en Argentina, donde su padre, Sócrates Aguirre, trabajó como cónsul. Fue en Buenos Aires donde, recién a los ocho años de edad, conoció a Pablo Neruda, quien, por ese entonces, ejercía también un cargo diplomático en el vecino país. Aguirre diría que Neruda fue “el último viejito pascuero de mi infancia”, refiriéndose a la oportunidad en que el poeta se disfrazó con una barba no muy convincente y una bata roja para llevarle regalos a ella, junto a otros niños.[1]

La amistad entre ellos surgiría y se desarrollaría con los años. Es así como en la década de 1940, Aguirre, que había regresado a Chile para estudiar Pedagogía en Castellano en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, se convirtió en la secretaria particular de Neruda. Consultada en una ocasión sobre este singular cargo, ella aprovechó de aclarar, riendo, que “se trataba de un título honorífico”, puesto que, al parecer, nunca recibió honorario alguno.

Imagen: letralia.com

Pero esto no es todo. Fue Neruda quien, en su vena casamentera, creó la instancia para que se encontraran Margarita Aguirre y el abogado Rodolfo Araos, su futuro esposo. Consecuencia inevitable de esto: Neruda sería escogido por los dos para que fuera el padrino de su hijo, Gregorio.

Tomando en cuenta la cercanía entre los dos, no es raro que, a principios de la década de 1960, José Bianco le pidiera a Aguirre que se encargara de escribir la biografía del poeta. Ni que ella aceptara, no sin ciertas reticencias. Aguirre inició una extensa investigación, entrevistó a los familiares y amigos de infancia de Neruda; viajó a Temuco junto a él, para desenterrar sus historias de infancia, y descubrió la notable correspondencia entre Neruda y el escritor argentino Héctor Eandi. El resultado de todo este esfuerzo: Genio y figura de Pablo Neruda (1964, Editorial Universitaria de Buenos Aires). Y, citando una vez más a Teitelboim, se comprende el aporte invaluable que esta obra significó: “Todos los biógrafos nerudianos tendremos que agradecer siempre a Margarita que nos abriera la puerta para explorar en el mundo inacabable del poeta”.

Pese a la dificultad que podía significar estar “a la sombra” de una figura hasta ese punto conocida y consagrada, Aguirre afirmaba que, por el contrario, permanecer cerca de Neruda había sido muy positivo para ella. De hecho, ella había adquirido notoriedad mucho antes de publicar Genio y figura, a través de su poemario Cuaderno de una muchacha muda (1951), y de El Huésped (1958), que recibiría el premio Emecé de novela. Sobre El Huésped, el crítico y escritor Hernán del Solar diría que se trataba de “una de las novelas más hermosas y de mayor interés auténtico que haya publicado una escritora chilena en largos años”.

Aguirre logró, con su narrativa limpia y provocadora, hacerse un sitio en la llamada Generación del 50, que cambiaría radicalmente el panorama literario nacional, entregándole aires nuevos y, también, nuevos talentos. Los relatos de Aguirre El nieto y Los muertos de la plaza aparecerían, respectivamente, en las compilaciones de Enrique Lafourcade Antología del nuevo cuento chileno (1954) y Cuentos de la generación del 50 (1959). Gracias a los autores del 50, la literatura chilena se sacaría de encima cierta artrosis que la anquilosaba y aparecería como uno de los temas primordiales del acontecer nacional.

Permitámonos culminar recordando que, como lo señala Guillermo García-Corales en su ensayo sobre El Huésped, Aguirre es precursora, por la desolación y el nihilismo de sus personajes, de autores varias décadas posteriores como Gonzalo Contreras, Diamela Eltit y Ramón Diaz Eterovic.

Margarita Aguirre falleció el 15 de diciembre de 2003, a los 78 años de edad, a causa de un enfisema pulmonar. Fue enterrada en un camposanto muy próximo a Isla Negra.


[1] Muchas de las anécdotas de esta efemérides y otras tantas pueden hallarse en el artículo de El Mercurio “Desenterrando los tesoros de Neruda”, 16 de noviembre de 1997. Disponible enhttp://www.emol.com/especiales/neruda/19971116.htm

El autor:

Nicolás León. Ingeniero industrial, curacavicano o curacavinano, no entraremos aquí en la estéril discusión sobre cuál es el gentilicio apropiado, a ratos hipocondríaco, mal lector (muy a mi pesar), no fumo, sí tomo y bailo apretado, escribo cuentos, a veces, pero no escribiría si pudiera tocar blues.

Dejanos tu comentario